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domingo, 6 de mayo de 2012

CREMA DE ESPÁRRAGOS TRIGUEROS

INGREDIENTES

2 manojos de espárragos verdes
1 cebolla mediana
1 patata mediana
750ml caldo de verduras
1 quesito
Aceite de Oliva virgen
Sal y pimienta


Rehogar la cebolla y los espárragos en aceite, aproximadamente unos 5 minutos.
Añadir la patata y el caldo hasta hervir. Dejar cocer a fuego medio durante media hora.
Añadir el quesito, sal pimentar y triturar con la batidora o en la thermomix.

Se puede adornar con unos piñones tostados o unas puntas de espárragos.

martes, 1 de febrero de 2011

Judías verdes con patatas


No me gustan las judías verdes. No puedo con ellas a pesar de haberlo intentado a lo largo de mi vida, obligado en la infancia, incentivado luego por consejos nutritivos bienintencionados, o ahora, con la determinación de asumir una educación paternal para intentar dar ejemplo a Andrés porque claro, hay que comer de todo. Pues no, me horrorizan, es una cosa así como con los guisantes, fobias inexplicables con un origen ancestral que se me pierde en la memoria. En el internado ni las tocaba, la bandeja pasaba de un lado para otro, y algún compañero, sabedor de mi sufrimiento, me cedía su gajo de huevo cocido (uno por cada comensal) y conseguía, con la condescendencia de los demás una pequeña porción extra de patata cocida, mínima eh?, que algunos no perdonaban los caprichos o los remilgos.

Si subo esta receta ahora es por que hace poco me he acordado de Ana. 15-16 años, cabello castaño, muy liso, larga melena desplegada por la espalda, anchas caderas, cara redonda y simétrica, nariz pequeña, incisivos un poco grandes, sí, tipo paleta, pero cuando un amigo la vio y dijo que parecía una conejita por poco le parto la cara. A mí me gustaba Ana. Luego estaba su amiga Soledad, regordeta, morena con el pelo ondulado sin llegar a los hombros, pechos generosos, muy graciosa y extrovertida. Yo le gustaba a Soledad.

Una vez nos invitaron a comer a sus casas respectivas, un sábado, sin padres en el horizonte. Yo tenía claro con quién quería comer, el día anterior entre tontería y tontería no hice más que insinuarme con Ana, dando conversación a tope, exprimiéndome el ingenio para sacarle una sonrisa, chorradas a tutiplén, encantador ya sabéis, viéndolo ahora, como el baile de un urogallo en pleno cortejo, un ridículo espantoso. Quedamos al día siguiente cuatro del colegio en el sitio convenido, allí como un clavo, hasta que llegaron ellas dos. Y llegó el momento del reparto. Soledad tenía de menú filetes empanados (ohhh!, dijimos los cuatro). Ana, judías verdes (bufff!, dije yo). Ya sabéis lo que me gustan los filetes empanados, puedo comerme kilos de filetes empanados, en el colegio no eran habituales, no se veían, los filetes digo, y menos empanados, de hecho lo único empanado eran unas lonchas de jamón de york cuadradas, así que rápidamente la cabeza empezó a funcionar, había que anticiparse, adelantarse a esos tres famélicos que empezaban a babear, buscarse el sitio, era el momento de ser racional y consecuente, así que en cuestión de segundos abrí la boca, como de esas veces que te vienen antes las palabras que el pensamiento, y oí una voz, que no era la mía, pero que me salía de dentro, como poseído por algo que me dominaba, y me escuché decir: A mi me encantan las Judías Verdes.

Seré breve, lo pasé fatal, me salvó, creo, la mayonesa, vacié el tarro, embadurné aquel plato de judías hasta que no se veía una pizca de verde. Me comí aquel engrudo lo más rápido posible y hasta donde el estómago y las circunstancias me fueron favorables. A Ana no se le pasó por alto el gesto, aún hoy no se si sus palabras eran de sorpresa, admiración o tenían un matiz irónico, parece que te gusta mucho la mayonesa, dijo. Estoicamente aguanté la indigestión, incluso intenté, en un alarde de saber estar, ayudarle con los platos, pero me tuve que volver a sentar porque sentía, os lo juro, como si unos hilillos de ese mejunje amarillo me saliesen por las orejas. Y como repetía chicos, aquello duró días. Se acabó la tarde para mí, el urogallo sin plumas, quizás alguna mirada perdida pero ahogada en esa salsa de huevo y aceite, de bote aún encima.

El esfuerzo, el sacrificio, no sirvió de nada, Ana empezó a salir con un estirado de los Salesianos, pelo corto con raya longitudinal trazada con regla, jersey de pico y zapatos castellanos. Adonde iba yo con mi melena sin peinar, mi chaqueta verde de lana de punto gordo (made in La Rabana) y mis zapatillas marrones adidas desgastadas. Soledad nunca me perdonó el desaire.

Podéis pensar en la candidez de la adolescencia, el esplendor en la hierba y toda esa carallada, pero ahora que cada uno saque su moraleja, yo os pongo la receta sin más….


Ingredientes:

Judías verdes (según comensales)
Patatas
½ cebolla pequeña
½ zanahoria
Ajo
Salsa de tomate
Aceite
Sal
Mayonesa (para los enamorados)

Se limpian y se lavan las judías. Por lo que yo recuerdo este proceso es largo, laborioso y pesado, cortar las puntitas y sacar los hilos de los costados por lo que recomiendo comprar un tarrito de esos del super. Se cuecen en una olla de agua hirviendo y sal (para un kilo unos 12 minutos). Luego añadir la cebolla y la zanahoria (picaditas). Cuando están casi cocidas echar las patatas (peladas eh!) en trozos. Una vez cocido todo se acompañan con lo que queráis, aceite, salsa de tomate o la famosa mayonesa. Y que os cunda! que yo no pienso probarlas.

lunes, 26 de abril de 2010

LENTEJAS AL PIS PAS.


Como es que aqui nadie usa esto de nuevo intentaré adoctrinaros con una nueva receta expréss, que son las que más utilizo, a ver si se anima el personal, que no valeis pa na. El único que parece que lo mira es el primo Juan, asi que se lo dedico (y también a Mercedes, claro).


Con los tiempos que corren y visto el escaso margen con el que contamos para satisfacer nuestras necesidades otra vez un solo plato para comer, fácil de hacer, sabroso y que llene: Las lentejas.


Como quién dice en casa Barbi nunca ha faltado un plato de lentejas. Elaboradas de todos los tipos que podais imaginar, sin embargo no nos engañemos, no hace falta extremar la receta con muchos ingredientes, demasiados sabores estropean el plato, que en su origen siempre fué muy sencillo. Lo que más recuerdo del plato era la guarnición que lo acompañaba. El abuelo Foro tenía la costumbre de comerlas con un poco de cebolla. Una vez la sopera en la mesa le colocaban a su lado una pequeña fuente con rodajas de cebolla, de tamaño mediano, finas, con sal y bastante aceite de oliva, del bueno. A medida que se tomaba las lentejas iba picando, unas veces directamente, entre cucharada y cucharada, y otras, las más, depositaba en el plato una rodaja, redonda y pequeña, la rehundía en las lentejas y allí se iba de una cucharada a la boca. Algunas veces, sólo algunas veces, me dejaba cogerle esas rodajas, las del centro, donde los anillos de la cebolla se vuelven más finos y tienen un color más amarillo. Eran las mejores.
También había una consecuencia del plato que casi me gustaba más. La abuela Marita, que nunca tira nada, para no repetir directamente el menú, convertía el excedente de lentejas en una crema, las batia, las colaba, y no sé que más, pero lo mejor era que volvían a la mesa con varios huevos escalfados dentro. Impresionante. Estoy salivando ahora mismo.
Al grano.
INGREDIENTES:
  • Lentejas
  • un tomate
  • un poco de cebolla
  • un poquito de sal
  • Chorizo (al gusto)
  • Zanahoria (al gusto)
Compramos un bote de lentejas, de esos de cristal. Lo vaciamos en una pequeña olla y lo ponemos a calentar en fuego lento. Picamos tomate y cebolla y hacemos un sofrito. Cuando estan calientes las lentejas echamos el sofrito y revolvemos. Si teneis chorizo podeis añadir unos trozos. Servir. La zanahoria hay que cocerla, así que todo se complica un poco si quereis añadirla. Ya está, como dije, en un Pis-Pas.

jueves, 18 de febrero de 2010

PATATAS A LA RIOJANA.

Esta receta es de la madre de mi amiga Bego, de Logroño.

Ingredientes para dos personas:

  • Patatas (4 ó 5 medianas)
  • Chorizo (de Logroño) trozos gruesos o finos, al gusto.
  • Pimiento verde
  • Perejil
  • Ajo
  • Pimienta
  • Pimenton dulce
  • Aceita y Sal

Al grano: Se cortan las patacas desguajandolas (importante) y se ponen a cocer en un recipiente mediano, el agua no puede cubrirlas completamente. Se le añade un poco de sal, chorizo (al gusto), y pimiento verde (en tiras y poca cantidad). Coger un mortero y machacar un diente de ajo, perejil y un poco de pimienta, las cantidades dependen de lo fuerte que querais que esté el plato, añadir todo esto a mitad de cocción. Revolver de vez en cuando.

Hay que probar las patatas para que no se pasen (que no se deshagan completamente). Freir aparte en una sartén un ajo con aceite, quitarlo, y fuera del fuego añadir pimenton dulce (vamos, una ajada o mollo).

Cuando estén hechas las patatas añadir el mollo, revolver y servir.

Ollo! si utilizais chorizo picante no es necesario echar el mollo, ya es bastante fuerte asi. (para los no avezados hay chorizo de Logroño dulce y picante)

Unos 40 minutos todo el proceso.

viernes, 12 de febrero de 2010

FABADA DIVORCIADA EN TRES MINUTOS

Hola, en mi primera incursión en este blog os voy a deleitar con uno de las recetas más socorridas de la historia estudiantil. Esta plato se creó, en principio, para cocinar en viviendas unihabitadas, es decir, con un único inquilino, a poder ser trabajador a jornada continua y almuerzo habitual en franja horaria de 15.20 h. a 16.20 h.. Naturalmente la vivienda carece de asistenta.

Bien, una vez bajado del vehículo de transporte, atenazado por esa necesidad de cubrir el cupo de azúcares en tu organismo, con el estómago contraido a la espera de estimularlo mediante una aportación energética, hay que espabilarse.
En llegando a casa y atravesando la puerta hay que tener movimientos rápidos y precisos. Con el abrigo puesto dirigirse lo primero a la cocina.
De los diferentes modos de preparación de la fabada (baño maría, microondas, calentar a fuego lento) me inclino por el último. Buscamos un cazo mediano y lo ponemos al fuego (baja intensidad), vertemos el contenido con ayuda de una cuchara de madera y lo dejamos calentar. Es el momento de quitarnos el abrigo, ponernos un mandil, por si es caso, colocar el mantel, cubiertos, vaso y bebida (Ah!, también puedes ir encendiendo la tele). De vuelta a la cocina ya está casi todo hecho. Coger un plato y verter todo el contenido del cazo (ojo, es plato único). Antes de empezar limpiar esa salivilla de los labios (producto de la ansiedad) y listo, a comer. Lo dicho, tres minutos.

P.D. Por experiencia os aconsejo que de todas las marcas del mercado os quedeis con Fabada Litoral, buen sabor, lata abrefácil (rapidez, claro), y si teneis suerte a veces viene con 80 gramos extra de regalo!!